MISION ATLANTE

el Universo despertó del caos a la vida. La sombra
se hizo luz y el deseo, esperanza. En la Tierra, hembra
fértil, se sembró polvo de estrellas y nacieron sus hijos
predilectos, los llamó Atlantes. La Tierra los alimentó con el
fruto de sus entrañas y en cada primavera regó sus ciudades
con flores. Los Atlantes, recostados en el ombligo de su madre,
soñaron que todo les pertenecía. Vivían, reían y morían en paz. La
abundancia llenaba sus alforjas para que no quisieran más que lo
que necesitaban. Un día el viento del Norte llegó con unas fuerzas
misteriosas: las emociones. Ellas transformaron la esencia de los
seres y ellos codiciaron, desearon, mintieron y engañaron por
poder. Por desangrar a su madre los dioses enfurecieron. Eolo
levantó los mares para arrasar con todo vestigio Atlante,
porque sólo el agua del mar puede limpiar las heridas
de una madre que llora por un hijo que no está. Los
sabios lo vieron en sus sueños y se refugiaron en
las entrañas de su madre Tierra,
en una ciudad intraterrena,
el Reino Escondido.